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Un año después del lanzamiento de la Declaración de Amberes, sobre la que se ha cimentado el Clean Industrial Deal, 400 líderes empresariales han hecho un llamamiento a los jefes de Estado, antes de la reunión del Consejo Europeo de marzo, para que adopten medidas urgentes para impulsar la competitividad industrial de la industria química, tras la reunión de alto nivel que han mantenido con la presidenta de la Comisión.
Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva; Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Estrategia Industrial; y Wopke Hoekstra, comisario de Acción por el Clima, han presentado hoy en Bruselas el Pacto por una Industria Limpia (Clean Industrial Deal), una iniciativa que combina competitividad y descarbonización bajo una misma estrategia de crecimiento global.
Este pacto incluye un el compromiso de establecer un paquete de medidas específico para el sector químico, cuya adopción está prevista para finales de 2025, reconociendo su papel estratégico como “industria de industrias” -el sector abastece al 98% de las actividades productivas- y su importancia en la producción de moléculas críticas. El Clean Industrial Deal, recoge la orientación planteada en la Declaración de Amberes lanzada hace un año y suscrita por más de 1.300 firmantes de 25 sectores.
Tras la presentación oficial del Clean Industrial Deal, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el comisario de Acción por el Clima, Wopke Hoekstra, se han trasladado a Amberes donde han participado en un evento con 400 líderes empresariales firmantes de la Declaración de Amberes, con el fin de reafirmar el compromiso de apoyar al sector industrial en su transición hacia un modelo más competitivo y sostenible. Por su parte, los líderes industriales han hecho un llamamiento urgente a los Jefes de Estado de la UE para que conviertan “la ambición en acción” mediante medidas inmediatas a nivel nacional, que aseguren que las políticas europeas se traduzcan en resultados tangibles para la competitividad industrial.
En su primera valoración, el director general de Feique, Juan Antonio Labat, ha señalado que “evaluar el Clean Industrial Deal resulta complejo, ya que se trata de un programa marco de actuación en el que, si bien se reconocen e identifican los problemas que están conduciendo a la pérdida de competitividad europea -ya señalados por los Informes Letta y Draghi- plantea medidas cuyo alcance solo conoceremos cuando se desarrollen los instrumentos en detalle”.
En estos momentos, el mayor problema europeo lo concentran los costes energéticos y, por tanto, el riesgo está hoy en los sectores con múltiples empresas electro y gasintensivas. En el caso de la electricidad, se plantean medidas orientadas a reducir los peajes, cargos e impuestos de las facturas, si bien va a corresponder a los Estados Miembros su aplicación, ya que en principio solo se activarán como recomendaciones. España, atendiendo a medidas ya adoptadas en este sentido en Francia o Alemania, tiene un importante margen de mejora para generar precios finales más competitivos.
En relación con las inversiones necesarias para alcanzar la neutralidad climática en la industria manufacturera, el Clean Industrial Deal prevé la adopción de un Fondo de Competitividad de 100.000 millones €, así como reforzar otros programas existentes.
En este contexto, el director general de Feique apunta que “este instrumento no debe desviarnos de la necesidad de adoptar simultáneamente un fondo de descarbonización y competitividad industrial propio en España, así como un modelo de Contratos por Diferencia de Carbono -ya en estudio en el Ministerio de Industria- que permita afrontar las inversiones en tecnologías más limpias y su operación en condiciones de competitividad”.
Por lo que respecta a la protección de la actividad industrial sostenible europea y evitar la fuga de carbono de nuestros activos productivos, se valora muy positivamente la reevaluación que se acometerá del Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM) actual, especialmente ineficiente respecto a la actividad exportadora de la industria europea, así como la previsión de introducir medidas para promover la demanda de productos bajos en carbono y más sostenibles, tanto en el ámbito de las compras públicas como en las privadas.
Por último, Feique quiere resaltar la decisión de la Comisión de desarrollar un paquete de medidas específicas para el sector químico (que también tendrán la automoción y la metalurgia/siderurgia) por su impacto transversal en la economía e innovación europeas.
Si bien todavía no se conoce el alcance de esta iniciativa -que se prevé presentar en el último trimestre del año- el director general de Feique ha subrayado que, “aparte de las medidas referentes a mejorar el marco regulatorio para la gestión de los productos químicos, necesitamos un plan que apoyo a la implantación e inversión en tecnologías de descarbonización para las producciones con mayor dificultad de abatimiento de carbono, así como un mecanismo de defensa de la competitividad de una serie de productos químicos estratégicos que debemos mantener en Europa, porque son críticos para mantener activas las cadenas de valor de toda la economía industrial”.